La leyenda de Nuestro Padre Jesús, “El Abuelo”



Carmen Rueda Florido
Leyenda de Nuestro Padre Jesús,“El Abuelo”.

Carmen Rueda FloridoUna de las leyendas más arraigadas en la ciudad de Jaén, es la que hace referencia a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno que, más allá de su significado religioso, es una de las señas de identidad de esta ciudad.

Hay varias versiones de la leyenda. Yo he seleccionado la que me parece más bella.

Una tarde de agosto de 1590, un viejo peregrino, cansado, pidió asilo para pasar la noche en una modesta casería cercana al Puente de la Sierra -antigua zona de huertas situada a pocos kilómetros al sur de la ciudad de Jaén-. El anciano, que venía de muy lejos, se dirigía a Jaén pero, como estaba anocheciendo, a su llegada encontraría las puertas de la ciudad cerradas y rogó que le dejaran pernoctar bajo techo. Los labradores, piadosos y humanitarios, no dudaron un instante en concederle hospitalidad.

Lo primero que hicieron fue cenar en la lonja de la casa para aprovechar el escaso hilo de viento existente. Mientras comían, el forastero se fijó en un gran tronco de pino que hacía las veces de banco donde sentarse. El viajero, que desde niño había trabajado con la madera, se lo pidió para hacer una imagen de Jesús en agradecimiento a su acogida.

Antes de retirarse a la habitación para descansar, pidió a la pareja que trasladara el tronco al dormitorio porque nada más levantarse, viajaría a Jaén para ver el paño del Santo Rostro y a su regreso comenzaría la escultura.

Al día siguiente, poco antes de la cena, volvió a presentarse el venerable anciano que relató la impresión que le causó la santa faz de Jesús. Apenas comió porque estaba muy cansado y decidió acostarse temprano pero, antes, dijo a los labriegos que permanecería en la habitación varios días sin salir hasta finalizar su obra y que no se preocupasen ni entraran en ella hasta que hubiera concluido.

Cuando pasaron dos días, el matrimonio estaba preocupado porque en ese tiempo no habían escuchado ni el más mínimo ruido procedente de la estancia lo que era muy extraño porque, al tratarse de la talla de un madero, tendrían que producirse golpes con las gubias y escoplos. Aún así, esperaron otro día más.

Nada más amanecer, subieron silenciosos por la estrecha escalera hasta el desván donde debía estar el viajero. Encontraron la puerta entreabierta, la empujaron suavemente y sus ojos quedaron deslumbrados al encontrar la figura de Jesús, casi desnudo, con el cuerpo ensangrentado y encorvado por el peso de la cruz, la mirada angustiada, dirigida al suelo y la boca entreabierta por el dolor, desde donde escapaba un hilo de sangre entre la comisura de sus labios.

Cuando se repusieron de su asombro, los labradores buscaron algún rastro del viejo caminante que había realizado tan magnífica obra pero solo hallaron una nota que les decía: «a través de esta imagen, amadle con todo el corazón en la seguridad de que nunca os abandonará».

Pronto se supo en toda la ciudad el extraordinario acontecimiento, siendo innumerables las personas que acudieron a contemplarlo a la casería cercana al Puente de la Sierra.

Las autoridades eclesiásticas decidieron, entonces, trasladar la imagen al convento de los Carmelitas Descalzos, donde siguió recibiendo público culto.

Esta es la razón por la que a esta imagen se la conoce como “El Abuelo”.

La talla de Nuestro Padre Jesús es de finales del siglo XVI o principios del XVII y algunos la atribuyen a Sebastián de Solís que, sufragada con las limosnas de los vecinos de Jaén, la haría por encargo de los PP. Carmelitas Descalzos.

Óscar Hahn / UNA NOCHE EN EL CAFÉ BERLIOZ

Carmen Rueda Florido
Muriel mi amante muerta

Una noche en el Café Berlioz

Yo he visto su cara en otra parte le dije
cuando entró en el Café Berlioz

Soy de otra dimensión contestó sonriendo
y avanzó hacia el fondo del salón

Ella finge escribir en su mesa de mármol
pero me observa de reojo

Desde mi mesa veo su cuello desnudo

Como un aerolito cruzó mi mente
el rostro de Muriel mi amante muerta

Usted es zurda le dije acercándome
Hacemos la pareja perfecta

Tomé su lápiz y escribí “te amo”
con mi mano derecha en la servilleta

Rey del lugar común respondió sin mirarme
mientras le echaba azúcar al té

Me ha clavado una estaca en el corazón
Me ha lanzado una bala de plata
Me ha ahorcado con una trenza de ajo

Volví confundido a mi mesa
con la cola de diablo entre las piernas

En este punto las sombras de los clientes
pagaron y se fueron del Café Berlioz

Váyanse espíritus les dije furioso
agitando mi paraguas chamuscado

¿Hay alguna Muriel aquí?
gritó la mesera desde el umbral

Cuando ella caminó hacia la puerta
vi que tenía una rosa en la mano

Por favor tráiganme la cuenta
que ya está por salir el sol

La lluvia penetra por los agujeros de mi memoria

Muriel Muriel
¿por qué me has abandonado?

Jesús Munárriz / Seis poemas

Jesús Munárriz (1940-).  Nació en San Sebastián en 1940, de padres navarros, vivió en Pamplona hasta 1957. Desde entonces reside en Madrid.


 Carmen Rueda Florido

Homenaje

Aquella veinteañera de hace un cuarto de siglo,

marcada antes de tiempo por la vida,
aún reciente la herida
y en los ojos las sombras del peligro,
es esta compañera, esposa, amada, amante,
cómplice, madre, musa y copiloto,
cuyo control remoto
anima al mundo entero a ir adelante,
que, por que vivan otros, de su vida se olvida,
que prefiere a su júbilo el ajeno,
y con pulso sereno
cuanto toca endereza y reaviva.
Y yo, sin merecerla,
disfruto de la suerte de quererla.

Sólo amor.
Bartleby. Madrid, 2008.

__________________________________________________

Carmen Rueda

Aquel fulgor (saikaku)

Soy una prostituta japonesa

del siglo diecisiete,
joven, bella.

Hago el amor a un comerciante
para quien quemo áloe, templo sake
y samicén, y desciño mi faja
lentamente.

El fulgor en la noche.

De amanecida pedirá papel,
pincel, le haré la tinta,
y esbozará unos signos
elegantes.

Hallaré aquella noche varios siglos más tarde
leyendo a Saikaku.

Aquel fulgor.

(De Otros labios me sueñan, 1982)

 ___________________________________________________



Cuentacuentos
             

Te contaremos cuentos, hija,
como a nosotros nos contaron,
cuentos de niñas y de lobos,
cuentos de hadas y de diablos,
te contaremos las historias
que a nosotros nos encantaron,
las de princesas y de príncipes,
las de gigantes y de enanos,
las que a otros mundos y a otras vidas
y a otros días nos transportaron,
te contaremos muchos cuentos,
como a nosotros nos contaron,
los cuentos con que, siendo niños,
ojos abrimos como platos,
los que por caminos de ensueño
nos guiaron, bellos y raros.

Te contaremos cuentos, hija,
para que vivas el pasado
y sepas ser en el futuro
del viejo rosal, el brote más alto.

(De Disparatario, 2001)


_____________________________________________


Exposición
               
De las niñas que fueron sus mamás
quedan nombres en lápidas, apenas.

Les han sobrevivido sus muñecas,
éstas que con miradas de cristal
y permanente asombro
hoy nos ven contemplarlas, desfilar
ante sus pequeñeces
y en nuestros rostros buscan
algún rasgo de aquéllas que las querían suyas,

tal vez nuestras abuelas.

(De Artes y oficios, 2002)
______________________________________________

¿Qué oyes? 

                                                         A Hilda y Gonzalo Rojas


-¿Qué andan diciendo por ahí? ¿Qué oyes?
¿De algún viejo bohemio la voz bronca?
¿La dulce de su dulce compañera?
¿La del demente, lógica?
¿La voz del solitario entre la muchedumbre
mansa, terca, sorda?
¿La parca del prudente?
¿La cansina del descorazonado?
¿Qué voces son? ¿Qué dicen?

Escucha, hablan de seres
que pasaron y no quieren pasar
a vida mejor
muda.
¿Qué voz oyes?
¿Qué voces?

Vivos los muertos siempre en tus oídos,
están mirando por tus mismos ojos
cuanto florece:
santo campo, tu frente
da tierra a sus palabras.

Oyes sufrir y oyes amar, las voces
del viento en otros labios
van diciendo qué fue, cómo fue,
cómo has sido.

De: Otros labios me sueñan
______________________________________________

Monólogo del renegado              

                                                                                        A Emilio Sola

-Navarro de nación, turco de oficio,
sirvo al sultán y del sultán me sirvo.

Nací noble en un valle en que todos lo son.
A los catorce años un clérigo, mi ayo,
me azotó ante testigos.
Lo atravesé con la ballesta. Huí.
Me apresaron los turcos rumbo a Italia.
Barbarroja me amó. Fui su bardax.
Hoy me llaman Alí. De mi prepucio
dieron cuenta los peces. No me pesa.
Nunca soñé poder disfrutar tanto
cuando mi ayo me molía a palos
de roble pirenaico.
Por lo que peco ahora en una noche
la Inquisición me turraría vivo
y llevo algunos años ejerciendo.
Aquí soy uno más. Y poderoso.

Me llamáis renegado. Más renegué de joven.
Sirvo al sultán. Vosotros a Castilla.
No alardeéis de nada. Soy más libre, paisanos,
que vosotros.
Olvidando mi nombre, vengaréis mi memoria.
Pues soy turco y navarro. Mal que os pese.

 De: Otros labios me sueñan

Amor a primera vista Wislawa Szymborska,

Ambos están convencidos  de que los ha unido un sentimiento repentino.  Es hermosa esa seguridad,  pero la inseguridad es más hermosa.

Amor a primera vista

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún “lo siento”
o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,

una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,

que los acercaba y alejaba.

que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.

Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

De “Fin y principio” 1993
Versión de Abel A. Murcia Soriano

Dedicada a Pegasa, Carmen Rueda Florido, que le debo mucho, tienes razón “Nada sucede porque sí‏”
Besos

Carmen Rueda Mi amor