Susana Reyes / Amamos las ciudades

Pero el remedio, aunque sea imperfecto, es huir siempre del
último sitio donde se ha sufrido

Charles Dickens, Casa desolada

La ciudad seguirá su pulso
el horizonte se ha desnudado de volcanes
el filo de los pinos muerde la tarde
y la voz de todos ensordece los pasos

Un susurro de viento y verde intenta aliviarla

Le ha dicho que nunca se juega con fuego
que el sabor de la soledad
terminará por vencer su alma
que nunca volverá por el mismo sendero
y que afuera caen, a pedazos, los pájaros.

Ayer soñó con la transparencia de viejos días
y rechazaba las caricias
de manos tristes
y la boca era un cuchillo desangrado

Soñó el ruido de la tarde
su látigo de fuego en la habitación
la vasta soledad del jardín acurrucado
las manos sobre el cuerpo tibio y sonriente
la voz como luz recorriendo las cortezas

Llueven diamantes sobre los árboles
y un mar silencioso y verde se mece.

…………………………..
Los solitarios Amamos las Ciudades
Susana Reyes, San Salvador

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