Tras la muerte de alguien / Tomas Tranströmer

Hubo una conmoción,
que dejó tras de sí una larga, pálida, resplandeciente cola de cometa.
Nos envuelve. Provoca que la imagen de la televisión se vea borrosa.
Se posa como gotas frías sobre el cableado aéreo.

Todavía se puede caminar arrastrando los esquíes bajo el sol del invierno,
entre arboledas donde todavía cuelgan hojas del año que pasó.
Parecen hojas arrancadas de una guía telefónica vieja,
los nombres de los abonados tragados por el frío.

Todavía es hermoso sentir el propio corazón latir.
Pero a veces la sombra se siente más real que el cuerpo.
El samurai se ve insignificante al lado
de su armadura negra de escamas de dragón

 Tomas Tranströmer

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