Kennet Patchen y Allan Ginsberg





¿HAS MATADO HOY UN HOMBRE?

En estas manos, las ciudades; en mi temperatura, los ejércitos
de razones mejores que una muerte
bajo la estridente música de la guerra.
Multitudes de hombres astutos
han sido aniquilados; ellos buscaron el verdor de la vida
en un mundo más sombrío que el tuyo;
pero tú has nutrido el gusto de la enfermedad
hasta amortiguar todos los otros sabores de la boca;
sólo nosotros, resguardados al margen de los neblinosos
mantos
de la hipocresía y el crimen,
estamos «enfermos».
Esta es la salud que tú deseas.
Tuya es la salud del cerdo que arranca las raíces
de la vid que le entrega alimento;
nuestra es la enfermedad del cervatillo que es abatido
porque esa es la actividad de los cazadores: matarlo.
En tus manos, las ciudades; en mi mundo, la marcha
de hombres más nobles que todos esos que remontan senderos
dejando tras de sí el cadáver de lo saludable y lo hermoso.
(Kenneth Patchen, 1911 / 1972)

CALAVERA APESADUMBRADA
Para Allen Ginsberg

Oh semblante apesadumbrado de bufón,
La calavera humana,
con la cúpula huesuda y mordaz,
con la cuenca sombría,
el triángulo oscuro de la nariz
y los dientes quebrados que sonríen
en la futilidad de la nada.
Tu peso es el peso de una copa
de fútbol entre mis manos.
Eres tan ligera y modesta
y pequeña,
sin la amplitud de ojos y oídos
y barbilla
sino únicamente
solitaria
como una golondrina triste y negra
temblando en el viento.

(Michael McClure, 1932)

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