Hasta cuando

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Ya es por todos sabido que la banca nacional obtuvo US$ 1.067 millones de utilidad en el primer cuatrimestre del 2010, representando un 52% de crecimiento sobre igual período del año anterior. Esto estaría explicado por la mayor eficiencia (explicación “mula”, como se dice por ahí) y un aumento de los spreads.
Esto último ya ha sido causa de un tirón de orejas por parte del Institute for Management Development, señalando que los spreads locales son superiores a los México, Venezuela y Argentina, entre muchos otros países. Motivo de orgullo, porque si no sobresalimos en el Mundial que se viene, al menos destacamos largamente en esto otro.
El Banco Central, por su parte, vino a corroborar el informe del mencionado instituto, el cual fue desvirtuado por los miembros de la banca (era que no), cuestionando la metodología utilizada. La verdad es que entrar a discutir cuánto es 2 + 2 es bastante insulso… Pero bueno, el Banco Central acalló cualquier atisbo de rebelión académica o conceptual.
Según sus cifras, el spread bruto anual promedio anual cobrado por la banca en mayo para créditos de 1 a 3 años fue de -siéntese si no lo está- 12,48%. Esto significa un crecimiento de -afírmese bien- 35% respecto abril. Para préstamos superiores en plazo a 3 años, el salto de abril a mayo fue de 11,28% a 16,56% anual, o sea, un crecimiento de 47%. ¿Cómo está? ¿Quedó peinado, mi querido lector?
Desde la banca tratan de explicar lo anterior de una forma bastante simplona. La dura, es más bien un insulto a la cordura y a la racionalidad. “Es que está en línea con el nivel de riesgo del sistema local”. ¿Cómo dijo? O sea, en mayo el sistema fue considerado exponencialmente más riesgoso que en abril. Además, “el spread disminuiría si es que existiera una base consolidada de las deudas que mantienen las personas”.
Mire usted. Aprovechemos de pegarle un palo al retail… Consolidemos las bases de datos, votamos a favor, pero permitamos que toda información crediticia esté disponible para cualquiera que quiera pagar un precio por ello, en iguales condiciones, eliminando asimetrías de información que favorecen a los ya establecidos y fomentando el potencial ingreso de nuevos entrantes.
Después de tan ingeniosas explicaciones, uno debe preguntarse si, a esta altura de la vida, cree o no cree en el Viejo Pascuero. O en el ratoncito. Si usted está en el grupo de los que aún lo hacen, mejor no considere estas líneas.
Para el resto, la explicación es bien simple. El mercado de la banca en Chile está muy, pero muy lejos de ser competitiva. Y, ojo, esto es causa de gran parte de la tranca de nuestro país. El ROE de la industria local  -con instituciones que superan el 30%- y el retorno sobre los activos exceden cualquier benchmark, considerando países serios, por cierto.
Ahora, si usted cree que los resultados se deben a que somos mucho mejores banqueros que el resto del mundo, trate de explicarnos por qué los gerentes y directores locales no han sido contratados para solucionar los problemas de los grandes bancos en el mundo.
No se confunda. La banca opera con una estructura verticalmente integrada que limita la competencia. Las protecciones del sistema terminan siendo restricciones para el sano desafío de nuevos entrantes. ¡No existe verdadera competencia y los excedentes del consumidor quedan en los bancos! La pregunta que cabe hacernos, como país, es una sola: ¿¡Hasta cuándo!?
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