Atlas – Cristina Peri Rossi (1987)

Estatua romana de Atlas (siglo II)

Sostiene el universo sobre sus hombros. No debe asombrar a nadie, pues éste ha dado múltiples pruebas de su desequilibrio. Sostener el universo sobre los hombros es una tarea absorbente y delicada, que exige toda su concentración; no puede permitirse distracciones, ni pausas, ni paseos por los lagos, ni viajes de placer. Tampoco puede desempeñar otra tarea (no puede tener un interesante empleo en la administración pública, ni trepar la pirámide de la iniciativa privada); no ha buscado esposa ni tiene hijos. Es, también, una tarea silenciosa y poco brillante, por la cual no recibe tarjetas de felicitación a fin de año, ni aguinaldo, ni premios especiales. Nadie parece prestar demasiada atención al hecho de que sostiene el universo sobre sus hombros, como no se presta atención al empleado de los retretes públicos; ambos saben que son tareas silenciosas pero imprescindibles.

No siempre sostuvo el universo sobre sus hombros; los primeros años de su niñez transcurrieron sin esa responsabilidad, pero no fueron muchos; tiene una imagen desvaída de esa época, quizás porque el peso de sostener el universo le ha arruinado la memoria.

No discute el hecho de que sea él y no otro quien sostiene el universo; lo acepta de una manera visceral, quizás porque se trata de un fatalista que no cree en la posibilidad de modificar sustancialmente las cosas. Hace su trabajo con concentración, aunque a veces siente el deseo de pasear, de tomarse unas vacaciones.

No discute con nadie la índole de su trabajo y le gustaría que alguien, al verlo sostener el pesado universo sobre sus hombros, le sonriera. Pero si esto no ocurre (y de hecho: no ocurre), tampoco se deprime. Ha conseguido instalar en sí mismo una sabia indiferencia ante los placeres mundanos (que de todos modos le estarían vedados por la índole de su trabajo), la comodidad, el lujo y las aficiones de la carne. Carece de cualquier clase de religión y no atribuye a su tarea ningún sentido místico: detestaría ser el origen de una corriente religiosa o política.

Ahora que su salud declina (es un ser mortal como cualquier otro), se pregunta quién será el llamado a sustituirle. No tiene descendencia y no cree que, de todos modos, se trate de un cargo hereditario. Tampoco piensa que la elección dependa de alguna clase de mérito social, intelectual o político. Sabe que es una tarea pesada, ingrata, mal remunerada, pero la única frente a la cual no existe opción. No conoce quiénes fueron sus antepasados, en el cargo, y posiblemente le esté vedado conocer al sucesor. Pero quizás por efecto de la vejez, recuerda con especial ternura al niño que un día comenzó a sostener el universo sobre sus hombros. No juzga de ninguna manera a los hombres y mujeres que exonerados de esa tarea, se dedican a otras ocupaciones.

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13 pensamientos en “Atlas – Cristina Peri Rossi (1987)

  1. que generosidad tan bien expresada
    si olvido su memoria por el peso cargado
    y lo sigue sosteniendo
    aunque sus canas brillen como lunas
    y es que su misiñon es esa
    y él obediente…no reclama.

    un besito francisco
    que tenga sun domingo de luz aunque este con ganas de llorar (el cielo)

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  2. Por suerte no cerró su blog. Es la primera vez que escribo (a un blog también). Topé con usted creyendo que era otra persona, no importa,sí,porque desde ese momento no pasan dos días sin que necesite leer tanta exquisitez y buen gusto. Lo felicito,

    Rosana

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  3. Sostener el universo sobre los hombros… indudablemente envejece… por que este universo, al menos el nuestro es muy complejo y desagradecido…seguro que por eso no tiene sucesores..

    .. Por que no llega a ver mucha cordura en el ser humano actual.

    Besos

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  4. Las labores más importantes son, a menudo, las que más desapercibidas pasan…pero, si faltan, notamos de inmediato la ausencia. ¿Cuántos Atlas hay en cada familia, en cada ciudad desempeñando labores que muchos desdeñan?

    Y debiésemos de estar agradecidos que esas personas, esos Atlas con los que nos topamos de cuando en cuando, hagan su trabajo con el profesionalismo requerido. Quizás sea uno el que muestre la cara, pero son varios los que apuntalan sosteniendo sus propios mundos.

    Saludos afectuosos, de corazón.

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