Remedios la bella. Gabriel García Márquez

Diego Rivera

Remedios la bella

Uno de los personajes más fascinantes de Macondo. Remedios es una mujer bellísima y extraña, elemental y pura, que vive como ajena a la vida ordinaria. Su belleza enciende el deseo de los hombres, pero aquellos que intentan consumarlo mueren de forma inesperada. Veamos el poético final de la historia de tan insólita mujer.

La suposición de que Remedios, la bella, poseía poderes de muerte, estaba entonces sustentada por cuatro hechos irrebatibles. Aunque algunos hombres ligeros de palabra se complacían en decir que bien valía sacrificar la vida por una noche de amor con tan conturbadora mujer, la verdad fue que ninguno hizo esfuerzos por conseguirlo. Tal vez, no sólo para rendirla sino también para conjurar sus peligros, habría bastado con un sentimiento tan primitivo, y simple como el amor, pero eso fue lo único que no se le ocurrió a nadie. No volvió a ocuparse de ella. En otra época, cuando todavía no renunciaba al propósito de salvarla para el mundo, procuró que se interesara por los asuntos elementales de la casa. “Los hombres piden más de lo que tú crees”, le decía enigmáticamente. “Hay mucho que cocinar, mucho que barrer, mucho que sufrir por pequeñeces, además de lo que crees.” En el fondo se engañaba a sí misma tratando de adiestrarla para la felicidad doméstica, porque estaba convencida de que, una vez satisfecha la pasión, no había un hombre sobre la tierra capaz de soportar así fuera por un día una negligencia que estaba más allá de toda comprensión. El nacimiento del último José Arcadio, y su inquebrantable voluntad de educarlo para Papa, terminaron por hacerla desistir de sus preocupaciones por la bisnieta. La abandonó a su suerte, confiando que tarde o temprano ocurriera un milagro, y que en este mundo donde había de todo hubiera también un hombre con suficiente cachaza para cargar con ella. Ya desde mucho antes, Amaranta había renunciado a toda tentativa de convertirla en una mujer útil. Desde las tardes olvidadas del costurero, cuando la sobrina apenas se interesaba por darle vuelta a la manivela de la máquina de coser, llegó a la conclusión simple de que era boba. “Vamos a tener que rifarte, le decía, perpleja ante su impermeabilidad a la palabra de los hombres. Más tarde, cuando Úrsula se empeñó en que Remedios, la bella, asistiera a misa con la cara cubierta con una mantilla, error” Amaranta pensó que aquel recurso misterioso resultaría tan provocador, que muy pronto habría un hombre lo bastante intrigado como para buscar con paciencia el punto débil de su corazón. Pero cuando vio la forma insensata en que despreció a un pretendiente que por muchos motivos era más apetecible que un príncipe, renunció a toda esperanza. Fernanda no hizo siquiera la tentativa de comprenderla. Cuando vio a Remedios, la bella, vestida de reina en el carnaval sangriento, pensó que era una criatura extraordinaria. Pero cuando la vio comiendo con las manos, incapaz de dar una respuesta que no fuera un prodigio de simplicidad, lo único que lamentó fue que los bobos de familia tuvieran una vida tan larga. A pesar de que el coronel Buendía seguía creyendo y repitiendo que Remedios, la bella, era en realidad el ser más lúcido que había conocido jamás, y que lo demostraba a cada momento con su asombrosa habilidad para burlarse de todos, la abandonaron a la buena de Dios. Remedios, la bella, se quedó vagando por el desierto de la soledad, sin cruces a cuestas, madurándose en sus sueños sin pesadillas, en sus baños interminables, en sus comidas sin horarios, en sus hondos y prolongados silencios sin recuerdos, hasta una tarde de marzo en que Fernanda quiso doblar en el jardín sus sábanas de bramante, y pidió ayuda a las mujeres de la casa. Apenas había empezado, cuando Amaranta advirtió que Remedios, la bella, estaba transparentada por una palidez intensa.

-¿Te sientes mal? -le preguntó.

Remedios, la bella, que tenía agarrada la sábana por el otro extremo, hizo una sonrisa de lástima.

-Al contrario -dijo-, nunca me he sentido mejor.

Acabó de decirlo, cuando Fernanda sintió que un delicado viento de luz le arrancó las sábanas de las manos y las desplegó en toda su amplitud. Amaranta sintió un temblor misterioso en los encajes de sus pollerones y trató de agarrarse de la sábana para no caer, en el instante en que Remedios, la bella, empezaba a elevarse. Úrsula, ya casi ciega, fue la única que tuvo serenidad para identificar la naturaleza de aquel viento irreparable, y dejó las sábanas a merced de la luz, viendo a Remedios, la bella, que le decía adiós con la mano, entre el deslumbrante aleteo de las sábanas que subían con ella, que abandonaban con ella el aire de los escarabajos y las dalias, y pasaban con ella a través del aire donde terminaban las cuatro de la tarde, y se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria
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14 pensamientos en “Remedios la bella. Gabriel García Márquez

  1. Hoy más que nunca necesito recordar a este mágico personaje, en el que tanto he pensado en los últimos días. Me gustaría transmitir en la medida de lo posible una pequeña parte de toda la magia de este personaje, porque, a veces, la literatura es estremecedoramente similar a la realidad, y es entonces cuando podemos pensar que realmente todo estaba escrito, que el mundo es un libro secreto donde está prohibido leer, como afirmaban Bacon, Emerson o Carlely; o a la inversa, como decía Mallarmé: El mundo existe para llegar a un libro. Poco importa cuál sea el orden.Remedios la bella debe su belleza física a la belleza de su alma.Remedios la bella, siempre paseándose desnuda por su casa, sin ninguna malicia, evocando un tiempo en el que Adán y Eva iban desnudos, un tiempo de pureza absoluta, donde no había lugar para la maldad, porque la bondad más absoluta lo ocupaba todo. Eso es Remedios la bella, la bondad absoluta.

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  2. Tengo un amigo que dice que las mujeres bellas tienen mala suerte en la vida y que las feas todo lo contrario. Nunca le pregunté a qué belleza se refiere en concreto. Lo daba por sobrentendido.Quizás ella era demasiado perfecta para este mundo y, ahora, aquí hemos visto lo que ocurre a mujeres de belleza tan absoluta… Ascienden en cuerpo y alma a otra dimensión.Esto no me deja buen sabor…Ojalá veamos a muchas personas “ascender”, eso sí, antes deberían haber dado felicidad a otro ser de este mundo. (Entiéndase sin matarlo)Luego habrán de sobrellevar el vértigo definitivo…Me ha gustado leer tu reflexion tras el texto, que hayas abierto los comentarios con tu opinión. Parece que, a modo de invitación, facilitas el diálogo.

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  3. Bellos pensamientos los que te ocupan los últimos días…Por lo que respecta a la entrada, conmigo has conseguido la misión que te proponías. La imagen final es gloriosa, y me ha recordado otra “ascensión”, pero musical : la escena final de Dido y Eneas, de Purcell, cuando Cupido esparce rosas sobre la tumba de ella. No sé por qué , pero las he unido en mi mente. Preciosa entrada, Ulysses, mil gracias

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  4. Me gustò mucho el rescate de este personaje Ulysses. Te dejo èsta cita en referencia a tu comentario interno.“Paul Morand afirma que el mundo es un librodel cual no se ha leído nada más que la primera página, si no se ha abandonado alguna vez el lugar en donde nacimos. Viajar es leer el libro del mundo. La vida es un viaje. Viajar, más que un placer, es un deber…”BesoEv

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  5. Rescatar una de las dimensiones (entre otras) de lo imaginario en “Cien años de soledad”: lo fantàstico-religioso; por aquello de la ascensiòn celestial del personaje Remedios, y ser èsta, a su vez, la encarnaciòn absoluta de pureza y bondad. Pero…¿Còmo ligar tu lectura, con lo que dices: “… a veces, la literatura es estremecedoramente similar a la realidad, y es entonces cuando podemos pensar que realmente todo està escrito”? ¿Estàs planteando un problema: la relaciòn entre lo històrico-real y lo real-imaginario; entre literatura y realidad; entre el libro como metàfora del mundo, o el mundo como metàfora del libro? Creo, la literatura trasciende la realidad y la trasciende de tal forma que, como dice Julian Barnes: “Inventamos historias para tapar los hechos que no conocemos; conservamos unos cuantos hechos verdaderos y alrededor de ellos tejemos un nuevo relato. Sòlo la fabulaciòn puede aliviar nuestro pànico y nuestro dolor; la llamamos historia.” (Historia del mundo en diez capìtulos y medio) Valdrìa la pena, poner en el centro de estos comentarios cuàl es nuestra lectura de esta gran obra a 40 años de su publicaciòn. Habrìa que leer los comentarios que anteceden a la ediciòn conmemorativa (2007), Ed. Alfaguara: Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes. Ojalà, pudieras abundar en el tema que tocas y su relaciòn con las teorìas de Emerson & Carlyle por un lado, y por el otro, la de S. Mallarmè. Es un tema muy interesante. Creo, hay un hilo de continuidad y reflexiòn entre este post y el que sigue de Borges. Salud¡¡¡ Justino

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  6. JA JA JA.Remedios, la bella y tantos personajes de García Márquez me hacen reír.¿De dónde saca tanta imaginación?¿Te conté que me estoy aprendiendo de a poco “Cien Años de Soledad”? Es fascinante y lo recito junto a mi hijo mayor que se lo sabe de memoria. Es como un juego. Lo pasamos muy bien.¿Y qué me dices de Rebeca, Amaranta y el Coronel Aureliano, etc? ¡Qué genial es ese libro de la A hasta la Z!Podrías poner algo de ” El amor en los tiempos del Cólera”. Excelente.

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